José, el hombre de la bocina

José Quituisaca es de Quingeo, tiene 80 años y toca la bocina. El arte lo heredó de su padre, quien usaba la misma bocina que él, José, la heredó hace unos años. El instrumento, elaborado con cuernos de toro y caña guadúa, tiene más de 60 años y solamente han debido cambiar la parte de la guadúa, que se daña con el tiempo.

Quituisaca siente que a su edad ya no es fácil tocar la bocina, utilizada por siglos en comunidades indígenas. Pero cada 24 de diciembre sale de su casa ubicada fuera del centro parroquial de Quingeo, con su poncho rojo y su sombrero de paño, para participar en el Pase del Niño Viajero en Cuenca. Ahí desfila junto a la familia Roldán, de El Vergel. “Los pulmones, los pulmones”, repite Quituisaca cada vez que se queda sin aire por hacer sonar la bocina, mientras nietos y bisnietos de los iniciadores de la tradición en la familia Roldán bailan el tucumán.

De vez en cuando le ponen algo de agua en la parte de guadúa de la bocina. Es para que suene mejor, dice Teresa Gallegos Roldán. De vez en cuando, también, le dan un puro al músico. Es para que no perder la fuerza, dice José Quituisaca y sonríe.

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Texto y fotografías de Juan Francisco Beltrán.

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